Sexo consentido, sexo arrepentido, vida destrozada

Nos han acostumbrado a que siempre es violación. Es tal el externo de ello que nos resulta casi imposible discernir cuándo existe consentimiento y cuándo no, hablo de sexo. Doy por sentando que semejante entrada, por las costumbres impuestas, merece de explicación, pues soy consciente de que el lector más sensacionalista puede estar llevándose las manos a la cabeza.

Cuando se nos presenta un titular en el que aparece la palabra violación nuestro celebro empieza a generar una serie de imágenes nada agradables y empezamos a sentir empatía con la víctima, por lo normal mujer. Y sí, es cierto, la mujer copa las estadísticas. El mecanismo se activa, es defendida, protegida y su anonimato está garantizado, como no podía ser de otra manera, pero ¿qué ocurre si en realidad no ha existido violación?

Algunos os estaréis diciendo;  “eso no ocurre, siempre es violación”. Pues os equivocáis, porque lo cierto es que el porcentaje es menor, pero ocurre. ¿Y cuál es el trato que recibe mientras es juzgado el supuesto violador? Pues ni más ni menos que el que se podría merecer un violador con la salvedad de que no se ha denostado que lo sea. Se hará público hasta lo que comió en su primer desayuno y será repudiado hasta por respirar. Será portada de todas las publicaciones habidas y por haber y por supuesto en ninguna se le otorgará el beneplácito de la inocencia. Será tachado y marcado como se merece un violador…

¿Y si tras 15 meses de juicio se demuestra que no existió violación, y que lo ocurrido fue un arrepentimiento posterior al sexo, con la consiguiente falsa denuncia? Pues sí, eso ocurre y a la auténtica víctima de esto le importa bien poco que su caso no rellene estadísticas. Este hombre ha quedado marcado de por vida. Con una simple búsqueda por cualquier buscador de Internet nos aparecerá que es un violador sin haberlo sido, obviando que tendrá que arrastrar esa cruz ante la mirada acusadora de allá dónde viva o vaya. Por no mencionar los problema futuros derivados; ¿quién quiere a un violador de mujeres como amigo, trabajando, como pareja..?

Pero, y en estos casos que a nadie importan porque no rellenan estadísticas, qué ocurre con ella, la consentida y posteriormente arrepentida, que presenta falsa denuncia, que arruina una vida. Nada. No se dará a conocer su nombre, nadie hará incapie de su maldad, simplemente nada. Y esto, aunque poco, ocurre. Ahora que alguien le explique a la víctima -al hombre- que por no rellenar estadísticas su vida a quedado marcada, destrozada y arribada para siempre.

Más información en TheTab

Autor: Patrick

Me gusta las buenas películas; que cada vez hay menos, el deporte; lo practico asiduamente, sobre todo los programas de Les Mills, y claro, escribir en mi blog.

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