De prostitutas y mujeres florero

Hace tiempo que me ronda por la cabeza escribir al respecto pero, por un lado, el tabú que todavía genera la profesión más antigua del mundo y, por otro, que conozco y trato a diario incluso profesionalmente con mujeres florero me impedía hacerlo. Antes de seguir me veo en la necesidad de aclarar, aunque seré breve y conciso, que cuando hablo de prostitutas lo hago en todo momento desde el respeto que se merece cualquier ser humano que elige voluntariamente su trabajo. Aclarado esto puedo continuar.

El cómo trata la sociedad a unas y a otras es lo que me lleva a escribir, ya que es una cuestión que me tiene confundido por un lado y opositor por otro. Cuando hablamos de prostitutas y eso cuando se habla, solemos usar un tuno de cierto júbilo, incluso se nos pone una ridícula sonrisa con la intención de paliar la vergüenza que genera mencionar siquiera la palabra prostituta. ¿Por qué? Porque vivimos en una sociedad en la que pagar por sexo está prohibido. Puedes tener sexo con tantos como puedas; sí pero sin cobrar y serás una mujer moderna y liberal. En cuanto se ha recibido dinero se genera una repugna hacia la persona, por lo general de inferior proporción hacia el que paga. No es mi intención dirigir la atención en los motivos que generan semejante repugna sino en ello mismo. Simplemente cobrar por sexo, ser prostituta, te convierte en algo despreciable para la sociedad. Un despojo humano que no se merece el mínimo respeto.

Y ahora viene lo que a mi me deja perplejo; la tolerancia y aceptación por parte de la sociedad de la mujer florero. Al igual que antes en esta ocasión he de aclarar que al referirme a mujeres florero me refiero a aquellas mujeres que se casan o viven en pareja con hombres que son en ocasiones hasta 20 años más viejos que ellas en el mejor de los casos. Partiendo de la base de que las parejas se forman bajo unos criterios de homogeneidad ¿qué lleva a una mujer de 25 años ya no sólo compartir su sexo, sino también su vida con un hombre de 45? La respuesta es fácil, al igual que la prostituta el dinero. Sin embargo ésto está aceptado y bien visto por la sociedad. De forma coloquial se conoce como “pegar un braguetazo”. Al principio esos 20 años de diferencia no suele ser un problema, un hombre con 45 años todavía puede ser atractivo sexualmente, pero con el tiempo la diferencia de edad acabará siendo un obstáculo difícil de esquivar. A diferencia de la prostituta, ésta no sólo tendrá que tener sexo con un hombre 20 años mayor que ella -pongamos ahora como ejemplo mujer de 30 años y hombre de 60- sino que además tendrá que aguantar el convivir con el. Y todo por el dinero.

Mi intención aquí no es comparar unas y otras; quienes son malas o buenas ni nada por el estilo sino más bien dejar constancia de como se tratan socialmente a unas y a otras. Para mi todas y cada una de ellas siempre y cuando hayan elegido voluntariamente su camino, prostitutas o mujeres florero, se merecen el mismo respeto que cualquier ser humano o incluso más, porque unas prestan un servicio de incalculable valor a la sociedad y las otras se ven abocadas a vivir con alguien a quién acabarán repudiando y a éstas precisamente por eso hasta cierta lastima.

Autor: Patrick

Me gusta las buenas películas; que cada vez hay menos, el deporte; lo practico asiduamente, sobre todo los programas de Les Mills, y claro, escribir en mi blog.

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