La envidia nos ciega

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Y como tal somos incapaces de razonar. Hoy he podido contemplar una de esas conversaciones en la que queda patente la ceguera por envidia.

Que no nos enseñan a razonar en la escuela es obvio, la enseñanza en la escuela se limita a memorizar; una fecha, un nombre, un suceso, que dos más dos son cuatro. Vamos subiendo de curso y la única diferencia es que nos dan más fechas, nombres, sucesos y fórmulas a memorizar.

No hace falta ser un erudito para darse cuenta, sólo hay que hacer un poco de memoria e intentar recordar algún problema que no fuera matemático -yo no recuerdo otro- no recuerdo ningún problema que no tuviera relación con las matemáticas. No recuerdo ningún dilema de razonamiento, salvo algún psicótecnico.

Y de escuelas iba la conversación o mejor dicho de sus profesores y sus vacaciones. A estas alturas puede que estés levantando las cejas y pensando ‘Ah Sí, los vagos de los profesores y sus dos meses de vacaciones’, o seas de esos que te gusten razonar las sentencias y no sigues la corriente.

El argumento más socorrido para los que sentencian que los docentes no tendrían que tener dos meses de vacaciones es que un país se levanta trabajando. Que es un coste no se puede asumir. Cuando en realidad es la envidia la que habla y no el raciocinio.

La gente que piensa y dice eso siempre me ha llamado la atención. Primero porque son incapaces de argumentar ni uno lo otro. Esto nos deja una primera impresión de que no habla él si no que se limita a reproducir algún escrito de algún diario del tipo ABC o La Razón, por mencionar alguno. Y lo siguiente es ver sus caras cuando les digo; En vez de pedir la supresión de las vacaciones de los docentes ¿por qué no luchamos por conseguir dos meses de vacaciones nosotros?

Lo primero es vista perdida en el horizonte y un silencio seguido de un titubeo muy cómico para acabar tremendamente confundido y sin saber que argumentar. El remate es ante la pregunta de si nuestra vida es levantarse, ir al trabajo para volver de nuevo a casa.

Alguno hay que suelta alguna réplica con tan poco fundamento que al recordarle que lo lamentable es que hoy día un trabajador sea incapaz de vivir sólo con el dinero de su trabajo, o arranca con los argumentos de la sin razón, es decir, empieza a gritar y a faltar al respeto, o deja la conversación e intenta cambiarla.

Creo que uno de los mayores problemas que sufrimos es el no razonar las sentencias, simplemente las aceptamos.

Autor: Patrick

Me gusta las buenas películas; que cada vez hay menos, el deporte; lo practico asiduamente, sobre todo los programas de Les Mills, y claro, escribir en mi blog.

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