Somos Navideños

Es un Domingo como cualquier otro y mi pareja y yo decidimos ir a dar un paseo por el centro de la ciudad, no sin antes hacer una parada para desayunar un buen café con leche y un panada en mi caso, y en el suyo la misma bebida pelin descafeinada y una ensaimada de crema. De poder ojear los folletos de propaganda, perdón, la prensa, olvídate, que está tan solicitada como de costumbre. Mejor así, que estamos de Domingo.

Una vez terminada la primara parte del automatismo al que nos tiene sometido nuestra urbe, cogemos el coche y nos dirigimos al centro a sabiendas de que la festividad que se le otorga al Domingo nos permitirá encontrar aparcamiento sin tener que esputar demasiado. Algo que se agradece, y más aún se hecha en falta.

El tiempo no acompaña; frio y viento hacen que el centro de la ciudad esté un poco más limpia de gente, y aunque no escapo a las quejas de mi respectiva, hago mio aquello de “al mal tiempo buena cara”, ya que por mal tiempo que haga, necesito salir de las cuatros paredes que conforman las que los expertos inmobiliarios se empeñan en denominar “casa optima”. Deben de ser tan optimas que inclusos sus más fervientes defensores las evitan para ellos, las suyas suelen ser mínimo de 300 metros cuadrados y tres metros de altura del suelo al techo.

El paseo pasa inevitablemente por esa plaza que podemos encontrar en todo el territorio Español; la Plaza de España, y es en ella donde encuentro lo que mas me llamó la atención de este paseo autómata. Bueno, hubo otro evento. Se trataba de un exposición “gratuita” dedicada al antiguo Egipto y su cultura. Pero entre que la organizaba un banco y que en sus textos encostraba palabras tan católicas como boda, matrimonio y alguna más que por ser tales he olvidado, pasó a segundo plano. Un pena.

Regresando a la Plaza de España, está estaba, y lo estará a lo largo del mes, invadida por pequeños puestos de venta uno pegado al otro. Los productos que nos ofrecían sus alegres tenderos son de lo más variados; bolsos, mecheros, juguetes y marroquinería varia como norma general, de hecho y sin que sirva de menosprecio alguno, gran parte de los tenderos eran de dicha procedencia, o por lo menos del África.

Todos distintos, en su genero, pero todos tienen algo en común, todos los puestos de venta tienen en su lateral un mismo mensaje, “Somos Navideños”. Veréis, he de confesara que no soy una persona Navideña, es más, la mera comprensión de lo que significa ser una persona Navideña se escapa a mi comprensión. Algo tendrá que ver con que tampoco soy persona creyente de la religión imperante que es la católica. Pero si tenemos que hacer caso al mensaje lanzado por esos puesto de venta, el ser Navideños tendrá algo que ver con el consumo, digo yo…
Somos Navideños

Autor: Patrick

Me gusta las buenas películas; que cada vez hay menos, el deporte; lo practico asiduamente, sobre todo los programas de Les Mills, y claro, escribir en mi blog.

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